Elena era la secretaria de un destacado empresario o gerente,no lo sé bien,que hizo negocios con un tipo no muy derecho. Éste le adeudaba una importante suma a Elena,la que finalmente le devolvió a través de una casa que el tipo poseía en el lado sur de Itata. Ella se vino con monos y petacas (mejor dicho con perros y petacas) e hizo de esa casa,su hogar. Poseía una cantidad indeterminada de perros,los cuales recogía,adoptaba,en fin,todo por su casi enfermizo amor por estos pilosos animales. Hubo épocas en que era habitual verla aparecer entre la negra noche,rodeada de perros,casi como una figura fantasmal. Su soledad,apaciguada por la presencia de sus regalones,las precarias condiciones y el abandono de más de algún familiar,deterioraron su salud y cuentan que un buen día tomó perros y petacas,y volvió al sur,desde donde había llegado de la misma forma.
Por Raúl Rocco

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